Un recorrido de olores y sabores en mi corralito de piedra!

2017-02-08

En vista de tanta insistencia y aprovechando que por estos días se celebra en Cartagena las Fiestas de la Virgen de la Candelaria, me animé en compañía de una gran amiga a visitar el tan concurrido y famoso Festival del Frito Cartagenero el cual se celebra todos los años al finalizar el mes de enero; sólo de recordar su nombre se me hace agua la boca, desde el momento que se llega, hasta finalizar su recorrido es toda una aventura cargada de múltiples olores los cuales te conducen a visitar cada una de las mesas que allí se encuentran. La gente caminaba de un lado a otro, preguntan, comen, ríen, se tropiezan unos con otros, hay familias con niños corriendo por doquier; durante mi recorrido pude ver desde niños de brazos hasta ancianos con bastón; Hay música de fondo, gritos de cada fritanguera invitando a que las visitara y las conversaciones de la multitud de comensales ansiosos por degustar cada frito.

 

Eran aproximadamente 60 mesas, las cuales estaban pegadas unas a otras, es increíble reunir en un mismo lugar a los mejores fritangueros de la ciudad, los cuales han dedicado toda su vida a vender y hacer estos maravillosos deleites de la región. Durante mi recorrido observé la mezcla entre hombres y mujeres, lo que me pareció bastante curioso, porque normalmente los fritos por años habían sido preparados por amas de casa y matronas cartageneras, pero hoy también son preparados por hombres; Por fritangueros, como se les conoce popularmente; Por supuesto que no me podía quedar sin probar una deliciosa arepa con huevo hecha por un hombre, miré rápidamente a mi alrededor y me acerque muy temerosa, con algo de pena por los insistentes gritos que venían de una mesa aledaña, dónde uno de sus fritangueros me decía: “Vente mama, aquí encontraras la arepa del polvo carnavalero, ven aquí somos los mejores”. Me acerqué, mientras pensaba, “ -¿Arepa del polvo carnavalero?, ¿ese no es el nombre de una novela popular?”,- indiscutiblemente la curiosidad me ganó y me arriesgué a comer mi arepa con huevo, pero no la tradicional que todos conocemos de huevo con carne, no amigos, yo tenía que probar una arepa que explotara mis sentidos, y me decidí por la arepa siete carnes, la cual tiene: Chorizo, butifarra, cerdo, pollo, huevo sancochado, res, ponche y conejo, cuando me dijeron conejo, casi muero, ya que nunca lo había probado, me la comí tímidamente, pero cuando le di el primer mordisco, Wow!, me quedé atónita, mis papilas gustativas, estaban extasiadas con tantos sabores al tiempo, estaba tan exquisita, tan deliciosa que no me comí una, sino dos, es decir , "la del polvo carnavalero" y "la 7 carnes".

Después de terminar con mi último bocado, seguí caminando, sólo seguía el radar de mi olfato, hasta que me detuve en el puesto de unas señoras morenas y bastante robustas, las cuales tenían en su mesa una gran variedad de fritos había: buñuelitos de frijol, empanadas, carimañolas, arepas de dulce, variedad de salsas, arepas con huevo, eran tantos los fritos que predominaba el color amarillo de la masa de maíz y el color y olor maravilloso de los buñuelitos de frijol, olor que me remontó a mi niñez y trajo a mi mente aquellos buñuelos hechos por mi abuela, y fue entonces cuando sin dudarlo por un instante, me abalancé contra la mesa y en medio de tantos comensales, estiré mi brazo y tomé mi tan añorado buñuelo, lo mordí lentamente y disfruté centímetro a centímetro ese buñuelo, su olor, su sabor, estaba tan crocante como lo recordaba, me sentía en la gloria. Después de disfrutar tan placentera experiencia, no podía más con tanta llenura, pero indiscutiblemente no me podía marchar sin antes pasar por mi lugar favorito, los dulces típicos de mi región.

Habían de toda clase: de coco, corozo, leche, mango, jalea de tamarindo, cocadas, en un sin fin de dulces, en los cuales mis ojos se perdían y no sabía cuál escoger, en ese momento me sentí como niña en una dulcería, hasta que por fin me decidí a llevar no solo uno, sino cinco, claro esta vez eran para llevar, ya no podía comer nada más, llevé de coco, ese es mi favorito, pero también les puedo recomendar la jalea de tamarindo, el dulce de corozo, el dulce de queso: éste me sorprendió, pero como me encanta el queso, me arriesgué a llevarlo y para cerrar con broche de oro mi paseo por el Festival del frito, compré otro de mis favoritos el dulce de papaya o más conocido como caballito. Sólo me queda decirles que volveré!.

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